La supervivencia del más apto

Claytonia ártica (Claytonia megarhiza)

Esta especie de claytonia ártica es una planta perenne que prefiere escarpes, rocas sueltas en las laderas, o pendientes rocosas. Llamada así por John Clayton, un coleccionista de plantas del siglo XVIII durante la época de la colonia; esta planta es nativa del oeste de Norteamérica, desde Canadá hasta Nuevo México. 

En la superficie

La ‘roseta’ de hojas carnosas en forma de cuchara protege los capullitos rosados que llegarán a abrirse para dar una flor blanca. Su flor de cinco pétalos se torna rosada conforme la planta va madurando, mientras las hojas carnosas conservan preciada humedad. 

Debajo de la superficie

Una característica de esta planta es que tiene una raíz sumamente larga, parecida a una zanahoria, que le sirve para anclarse en las rocas y piedras sueltas. Mientras su flor solo llega a tener pocos centímetros de altura, la raíz puede crecer casi dos metros de profundidad.

Las hojas nuevas son rojas, pero al producir clorofila poco a poco se van tornando verdes. 

La raíz de esta claytonia es comestible. Si se pela, se puede comer cruda, horneada o hervida. Tiene un sabor blando y una textura suculenta y jugosa.

La vegetación de la tundra alpina se adapta de varias maneras a las condiciones extremas, las frías temperaturas, los vientos impetuosos y las cortas estaciones de crecimiento.

Muchas plantas alpinas crecen a poca altura del suelo para almacenar el calor que emana de este, y como protección de los vientos fuertes a gran elevación.

Algunas plantas alpinas tienen tallos u hojas vellosas (conocido como pubescencia) para preservar calor o proteger las partes vulnerables de la planta, como los delicados capullos o los estomas (poros en la superficie).

Al igual que los pingüinos cuando se apuñan durante una helada tormenta, ciertas plantas alpinas crecen amontonadas, como resguardo extra del viento y el frío. 

Algunas plantas son de color oscuro para absorber mejor la luz del sol.

La luz solar es vital para el crecimiento vegetal. Hay plantas que tienen flores en forma de disco y van girando como satélite conforme se mueve la luz del sol. Esta adaptación se llama heliotropismo. 

Muchas plantas alpinas son perenes. Las estaciones de crecimiento a grandes elevaciones se acortan debido a las frías temperaturas y a las cubiertas de la nieve que empieza a caer. Muchas de estas plantas se han adaptado para que no tengan que iniciar todos los años un ciclo nuevo de crecimiento, como las plantas anuales. 

Aunque son pequeñitas, las especies de plantas alpinas son muy variadas, y cada una se ha adaptado singularmente a los hostiles ambientes arriba de la línea de los árboles. En este panel se puede explorar la enorme variedad de vegetación que se ha adaptado para sobrevivir a elevaciones hostiles para todas las plantas excepto las más fuertes.  

Rhodiola (Rhodiola integrifolium)

La rhodiola es una planta suculenta, y como tal, puede almacenar agua en sus hojas y tallos. Esta adaptación la protege de los vientos secos. A menudo, la flor de color rojo carmesí, se encuentra cerca de riachuelos o lagos glaciales, y florece a final del verano. 

En la superficie

Como muchas de las suculentas, las hojas planas y anchas de la rhodiola están recubiertas de una capa cerosa. Esta capa reduce la evaporación por los vientos secos (llamada desecación). En las cálidas horas del día, la planta cierra sus estomas (poros en las hojas) para preservar humedad, y los vuelve a abrir en la noche cuando el clima está más fresco. 

Debajo de la superficie

Esta planta de tallo alto prefiere lugares rocosos o suelos arenosos en los que el agua se escurre con rapidez. Sus raíces robustas se extienden hacia los lados para sujetarla firmemente.

La rhodiola se reproduce por semillas o por rizomas cuando las raíces subterráneas envían nuevos tallitos hacia la superficie.

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